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Cultura de paz

Puesto que las guerras nacen en la mente de los hombres, es en la mente de los hombres donde deber erigirse los baluartes de la paz.

UNESCO

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Comúnmente se define la paz en contraposición de la guerra, es decir, se suele decir que hay paz cuando no existe el conflicto, sin embargo, desde ASAD pensamos que, además de la ausencia de guerra y de la violencia directa, sólo habrá paz cuando no exista violencia estructural, cuando las personas tengan sus necesidades básicas cubiertas (alimentación, vivienda, abrigo, educación, sanidad, etc), estén integradas en la sociedad, se cumplan los derechos humanos y cuando puedan desarrollarse según sus intereses y sueños, sin comprometer a las generaciones futuras, es decir, de una forma sostenible.

Mientras haya pobreza, guerra, exclusión, injusticias, censura, falta de oportunidades, etc. no habrá paz.

De esta manera, percibimos la paz desde una perspectiva holística, contemplándola en tres dimensiones:

Social: porque buscamos la armonía en la relación entre las personas, grupos y naciones a todas las escalas. Debe ser un proceso basado en el desarrollo humano de los individuos y los pueblos. Desarrollo definido, no solo por el cumplimiento de los derechos humanos, sino un desarrollo humano sostenible, que no limite el potencial para satisfacer necesidades y los derechos de las generaciones venideras.

Ecológica: porque no podemos separa la naturaleza de nosotras y nosotros mismos, debemos convivir con la naturaleza de forma armónica, sin destruirla, ya que el desarrollo humano sostenible no es posible sin respetar también los derechos de la naturaleza.

Personal o interna: se refiere a la armonía de la persona consigo misma (a nivel emocional, físico, afectivo, mental, espiritual,etc.). Se trata de la necesidad de tomar conciencia de la relación con una y uno mismo para lograr la “liberación” o paz interior.

Construyendo otra forma de cultivar las relaciones humanas.

Como define la UNESCO, la cultura de paz alude a los “valores, actitudes y comportamientos que rechazan la violencia y previenen los conflictos tratando de atacar sus causas  para solucionar los problemas mediante el diálogo”.

Desde esta perspectiva, el problema no radica en la aparición de conflictos, sino en la resolución de los mismos. De hecho, los conflictos pueden plantear una oportunidad para fomentar el diálogo, acercar partes enfrentadas, mejorar la compresión mutua y la comunicación y favorecer el respeto para con la otra parte. Está en nuestras manos y es nuestra decisión como personas, países o sociedades resolver los conflictos de forma pacífica. Sin embargo, la cultura que nos rodea legitima y propicia en cierto modo la violencia, tanto la violencia directa, como otras formas más sutiles e invisibles.

La educación para la paz es una revolución silenciosa y lenta sustentada en valores como el diálogo, la empatía, la interculturalidad, la diversidad, la igualdad y la convivencia que plantea cambiar las formas en las que nos relacionamos, es decir, interviene en la base de las relaciones humanas y pretende incidir en las causas de los comportamientos violentos o poco sociables.

 

La comunicación en la educación de paz.

La comunicación es diálogo, significa compartir, poner en común, entenderse, conectar. Si practicamos la comunicación con las otras personas, naciones o culturas, es más difícil que aparezca el conflicto y, de aparecer, también la comunicación es la base para que su resolución sea pacífica y propicie un acercamiento entre ambas partes.

Por otra parte, los medios de comunicación crean imaginarios y legitiman o condenan ciertos discursos. En este sentido, recae sobre ellos parte de la responsabilidad en la normalización de la violencia en nuestras sociedades, por ello, la cultura y la educación para la paz pasa por la crítica en la construcción de los discursos mediáticos y, de igual manera que plantea otra forma de cultivas las relaciones humanas, proponen otras formas de comunicar que incorporen estos valores.

La educación de paz se sustenta en la participación activa de la sociedad, por ello recae sobre la ciudadanía el derecho, pero también la responsabilidad, de generar y difundir otros discursos que propicien la convivencia entre las personas y las culturas. A través de los medios nuestro alcance (medios locales, redes sociales, etc.) las personas podemos participar en la creación y difusión de mensajes constructivos, con un enfoque humano, que contribuyan a educar a la ciudadanía, provocar su reflexión y construir desde la base nuevas formas de relacionarnos y comunicarnos.

 

 

 

 

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por la educación de paz