Atendiendo a la resolución de la ONU (Asamblea General del 6 de Octubre de 1999, Acta 53/243) entendemos la "cultura de paz" como una serie de valores, actitudes y comportamientos, que rechazan la violencia y previenen los conflictos, tratando de atacar sus causas para solucionar los problemas mediante el diálogo y la negociación entre las personas, grupos y las naciones. Por lo tanto, se relaciona de forma directa con los derechos humanos promoviendo la paz mediante la educación, el desarrollo, el respecto, la igualdad, la participación, la solidaridad, el acceso a la información y comunicación y la seguridad.
Desde la mirada de las economistas feministas, entendemos la "economía de los cuidados" como una forma de poner en valor la importancia del trabajo de cuidado en la organización de las condiciones de vida y en el funcionamiento del sistema económico. El concepto economía de los cuidados es fundamental a la hora de exigir una mayor corresponsabilidad social en su organización. La forma en que se define quién cuida depende del cruce de varias variables como son el género, la clase social la etnia, la edad o el estatus migratorio, y esta responsabilidad está fuertemente relegada al espacio privado y de la familia. Decimos que los cuidados son economía al menos en dos sentido: porque cubren necesidades de las personas y en ese sentido generan riqueza y bienestar; y porque son trabajo, requieren tiempo, dedicación, conocimientos, e implican una decisión sobre si dedicarse a ellos o a otras actividades.
Siguiendo la propuesta de Bisquerra, entendemos la "educación sentimental" como un proceso educativo, continuo y permanente, que pretende potenciar el desarrollo emocional como complemento indispensable del desarrollo cognitivo, siendo ambos esenciales para el desarrollo integral de la personalidad. La educación sentimental que proponemos se centra en la persona como un todo e implica cuestionar o modificar actitudes y comportamientos que derivarán en el cambio de sentimientos. Ponemos en cuestión las instituciones tradicionales y tratamos de hacer ver que el cambio no puede ser sólo individual, sino que la consecución de la autonomía tiene que ser un proyecto social. Apostamos, pues, por el cambio sentimental para conseguir el cambio social desde un enfoque participativo y contextual.